PIRÁMIDES DE AIRE…

image

Al fin puedo mostrar el producto de dos años de imaginación, ganas de vivir, y deseos de ayudar. Este fruto tiene dos nombres importantes. Teresa Iturriaga Osa. Correctora, coordinadora y prologuista de este libro libro, que ha seguido toda mi trayectoria desde el principio, que me animó con toda su profesionalidad, apoyándose en mis primeros balbuceos como escritor, y José Luis Machado Carilla que apostó por mi, con su entusiasmo, me brindó su experiencia en la edición y suya es la publicación, que próximamente presentaré, ofreciéndosela a todos los que pasarán, pasan y han pasado por el trance de un trasplante pulmonar. Dedicado va a mi donante anónimo por el cual puedo respirar, escribir y dibujar. Como esos Montes de Anaga que dibujé en la portada, esta PIRÁMIDE DE AIRE, es el fruto de la ilusión siempre insatisfecha que todos atesoramos en nuestro interior.
Gracias por leerme.

José Félix Sáenz-Marrero Fernández.
jfsaenzmarrero.wordpress.com

9 de Octubre de 2014.

Anuncios

EL BUHO…©

image

Los ojos de cristal finamente tallado me perseguían día y noche cambiando el irisado pelaje del vidrio.
Parecía una esfinge egipcia totalmente transparente. Los reflejos alados de ámbar incoloro se volvían a mirarme. Era un objeto preciosamente inanimado… perfectamente esculpido a fuego y posteriormente congelado como una lechuza inmortal salida de un cuento.
Aquella fijeza en su mirada me acompañaba con destellos de curiosidad, escudriñando cualquier ser viviente a mi alrededor. Ejercía de talismán sobre una estantería y de vigía noctámbulo de mis movimientos. Al amanecer se tornaba invisible, y solo el pico y las alas resguardadas, se parecían a un golpe de hielo seco empotrado e incrustado en la pared.
Ciego, y sin embargo, inmisericorde con mi conciencia. Día tras día, al anochecer, parecía recordarme mi deber y hasta me hubiese gustado que alzase un ala para apuntarme alguna dirección.
Pero nunca dejó su pedestal, nunca bajó a mi mesa de despacho, nunca batió sus alas para iniciar un cortejo con las esquinas de la sala, nunca se atrevió a aconsejarme con su hermosa sabiduría de tantos años.
Solo aquellos ojos desprendidos de cualquier emoción me hicieron comprender lo inútil de observar y permanecer inmóvil. Me devolvieron la necesidad de moverme por la calzada del sol iluminada, y avanzar, mientras calculaba distancias imposibles de explicar o medía espacios aún no abarcados.
Desde el día en que los pasillos abrieron sus puertas, y traspasé en muletas el hueco que me separaba del aire, devolví la escultura a su lugar de origen. La librería de los tarros de medicamentos, desde donde se acurrucaba un lápiz y un pincel endurecidos por el tiempo.
Después llegaron las cigarras, los grillos, la tonadilla del saxo envuelta en los silbidos lejanos… desperdigados y hambrientos de placer.
El búho se escondió en mi interior. No he vuelto a tocar ninguna pluma igual.

PD: El ave nocturno es símbolo de fiesta y distintivo para todos los arquitectos de Sevilla. Allí aprendí a gozar de sus pupilas en permanente estado de alerta.

José Félix Sáenz-Marrero Fernández.

( escrito al amanecer. 1 de Octubre de 2014 )

ARQUITECTURA ESCRITA O EL TEP ZEPI… ©

( en el DÍA MUNDIAL DE LA ARQUITECTURA, a seis de octubre de dos mil catorce )

Empezaba así: “Los cielos han sido el móvil de la ciencia durante milenios, son para el hombre sus esperanzas y sueños sobre el mañana.”
Esta frase de Jane B. Sellers, la egiptóloga universal en su libro “The Death of Gods in Ancient Egypt” (La muerte de los dioses en el Viejo Egipto), referentes a una civilización que trató de unir cielo y tierra, escarbándola primero y alzándose sobre ella, me llegó a impresionar tanto, que no hay ningún artífice de construcciones que no se sienta dispuesto a mirar cada día un poco más hacia el cosmos.
El aprendizaje de las técnicas edilicias con el objeto de atar el firmamento, con Sirio a la cabeza, y el cobijo para toda una civilización, reducida al devenir de un río, fue un momento estelar en la naturaleza del hombre. No sin gran esfuerzo, avances y retrocesos, se consiguió superar los zigurats babilónicos y sumerios, acadios, los templos asirios y las puertas micénicas abiertas al cielo. Era una comunión entre divinidades, el espacio estelar, la tierra y la humanidad. Todo encajaba uniformemente en el orden de los humanos. Desde las grutas hasta la verticalidad, como inspiración y canalización de esa energía, se había recorrido un gran trecho.
El Ba egipcio era el alma que todo ser lleva encima. El Ka significaba el cuerpo mortal, su envoltura, y el Aj el devenir de ambos después de la vida material.
Los egipcios llamaron así a su primera Edad de Oro, cuando los Dioses confraternizaban con los humanos, y la denominaron Tep Zepi… Primera Vez.
Aquella primera vez fue recordada en las palabras y la tradición oral a lo largo de más de seis mil años.
Es curioso. Los textos de las Pirámides contemplaron un viaje con retorno que nunca se detuvo en los detalles de sus éxitos y fracasos, al transportar la barca que los conduciría a navegar por el cielo con los remos de la eternidad.
Quizás la vieja magia de las formas ya no la entendamos. Quizás haya cambiado para cumplir una nueva función. Sé que aún persiste un reducto de compromisarios con el arte que caminan, aislados o en grupo, por toda la fusión de culturas ancestrales. Entre el ciudadano del siglo XXI y la diáspora del hombre abarcando todo el territorio, estamos en época de búsqueda constante para reunificar y dar sentido a nuestros hitos que conforman los espacios naturales, y transforman cada vez a mayor velocidad las grandes ciudades, las modernas conurbaciones, como reguero de estrellas aferradas al fondo del mar.
Entre los volúmenes puros, el simbolismo de espacios oscuros y aperturas a lo desconocido en las culturas primitivas, y la realidad doméstica de sus conjuntos habitacionales, fruto de las experiencias sensoriales cotidianas, existe un nexo con la actual arquitectura que desnuda las masas, minimiza los recuerdos, racionaliza el aire que la envuelve, y coquetea desapercibida con el entorno, para mimetizar el impulso agónico de la naturaleza, que se nos muere por la mano izquierda del hombre, mientras la derecha pide auxilio a unos dioses que han desaparecido.
Esperamos esa Segunda Vez, una nueva y última oportunidad para dar sentido y coherencia al arte. Ese grito pausado y consciente de los siete mil doscientos millones de seres, que malformamos un planeta a punto de estallar.
La arquitectura como expresión no nos salvará, pero debe ser una forma más de la esperanza con techos para todos… con respeto a futuras generaciones.
Las relaciones humanas tuvieron palabra, sonido, cobijo y ritos, unidos todos en un hermoso maridaje disfrutado en los corazones de los hombres, y almacenado en los silos de la conciencia. Volvamos a ese origen pletórico de vida, para que las necesidades más elementales del cuerpo y del alma estén cubiertas.
Me gusta siempre terminar con una cita para iniciar esta nueva aventura.

“La arquitectura es una mezcla peligrosa de omnipotencia e impotencia… La incoherencia, o más bien la casualidad, es lo que sustenta la carrera de todos los arquitectos. Se enfrentan con peticiones arbitrarias, con parámetros que no establecen ellos, en países que apenas conocen, sobre temas de los que son vagamente conscientes, y de ellos se espera que resuelvan problemas que se han demostrado irresolubles para cerebros mucho más capacitados. La arquitectura por definición es una aventura caótica”. Rem Koolhaas

Buen DIA MUNDIAL DE LA ARQUITECTURA.

José Félix Sáenz-Marrero Fernández.
jfsaenzmarrero.wordpress.com

Fotografía: Vivienda del país Dogon, en el actual Mali, África. De Jordi Ber en Urbarama.com

LA GRIETA…©

image

Ojo de aguja abierto por la espalda
justo al penetrar una esfera
durante los reflujos de mi historia.

Nadie la sabe traspasar en su humedad oscura
encerrada entre paréntesis de amor.
Nadie la convierte en puerta de par en par.

Rasguño de manos toscas desmembradas
fluyendo, manando, goteando
por una grieta desnuda en el fondo.

Espero a que se esa montaña se inunde
escalones arriba nuca de líquenes
esperando la inundación del mar.

Mientras… el azul invade la muesca hendida
acumulando reflujos insaciables.
El horizonte verde botella se alinea con las conchas.

He tenido que tenderme entornados los ojos
persiguiendo un dibujo improvisado.
El cuerpo se hace libre sobre puntas de estrellas.

Magia en una sombra erizada de vida,
ascienden las siemprevivas por los muslos rocosos
desflorando la escultura en piel, eternamente escondida.

La vi desaparecer y ahogarse dentro de mí.

José Félix Sáenz-Marrero Fernández

(acabando Septiembre de dos mil catorce)
Texto y fotografía del autor.