CUANDO EL VIENTO AZOTA…©

He escrito mucho sobre el viento. Ese que escanea el paisaje desde las alturas. Ese que nace en volandas tras la falda de las Cariatides con alas de mármol. La misma brisa que lleva granos de arena hasta los ojos quebrados del mar. El Alisio que transporta savia roja hasta el Naciente de la vida. Viento que nunca amaina en mis delgadas y retorcidas venas. Mucho me he acordado de él en los días de ocio errante. Supongo que por amparar la sed de saber insaciable que azota y zozobra entre ventanas azules de preguntas insatisfechas.
Sea el Siroco, la Tramontana o el vendaval del Levante… el Cierzo ensordecedor. Sea la brisa descarnada o el Céfiro de los clásicos, el amante Mistral de los poetas. Sea solo la Calma cálida del desierto en la noche, todos se conjugan para contarme al oído sus desvaríos. 

Y no son otros que el ulular de los dioses silbando en las calles con el color zarco e índigo, añil esfuerzo por conectarse con nuestro mundo lleno de alegorías. Este mes de Noviembre me trae a la memoria las tardes de lectura sosegada como cuando leí “La sombra del viento” de Carlos Ruiz Zafón, o las siestas cargadas de música oyendo a Bob Dylan y su guitarra cantándole al “chinook” ardiente de las Montañas Rocosas. Tardes en las que la gabardina se hace abrigo y el sombrero vuela a fuerza de hacer piruetas. Momentos de melancolía que no de tristeza porque donde el aire se arremolina surge una explosión de ideas que hace florecer las flores de mundo en sus acuarelados y diminutos pétalos azulados. Huele al frescor de incipientes aguaceros barridos por el olor a hojarasca mojada. Me recuerdan… todo me recuerda a la mudanza de las copas de los árboles desnudos, la cama acogedora de las horas puestas en la luna escudriñando ese aire movedizo que despierta las ilusiones engañosas. Leí entre golpes de corrientes adversas los poemas de Octavio Paz: 
“Todo es espacio;

   vibra la vara de la amapola 

   y una desnuda

   vuela en el viento lomo de ola.
   Nada soy yo, cuerpo que flota, 

   luz, oleaje; todo es del viento 

   y el viento es aire 

   siempre de viaje.”
Cuando el viento azota la cintura de las calles transporta un sentimiento de fragilidad que solo la pasión puede anclar al suelo. Vivimos con pasión o no vivimos. Todo lo demás es muerte sin sentido. 
“Créeme. No deseo la calma

  porque pierdo con ella 

  la rosa de los vientos

  y me alejo de la tierra

  sin volver a ver a la deriva

  que me aleja mar adentro

  
   Es bueno saber del aire 

   y respirar con sosiego

   aquejado de azul por dentro…
Se va la tarde entre vuelo y vuelo.
José Félix Sáenz-Marrero Fernández
3.11.2017

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