MADERA DE CABALLO… ©

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Dicen que tengo un corcel
con la brida desbocada entre la boca
cuando asoma una sonrisa de yegua
escondida en sogas de esparto.

Dicen que los genes me vuelven equino
con la alzada de un gigante patilargo
árabe de estirpe seca
piel cuarteada
inmóvil.

Dicen que mi madera es de viñátigo
o de aceituno en los ojos
o de vidrio en las pestañas espigadas
que enmarcan gruesos labios.

Dicen que las crines vuelan sobre los flecos
con la penetrante mirada
de un soñador de caballos.
Y quizás tengan razón en todo lo que dicen.

Solo queda relinchar cuando se aprieta el bocado
me desmontan las esperas
se doma el carácter
esculpes el aire tumultuoso
y desencadeno ese árbol.

Dicen que la mansedumbre se adquiere con los años.
Solo lo dicen los que nunca han acariciado un fresno.

Los que no han aprendido nada de los anillos
robándote las arrugas de las manos.

Los caballos… ellos si se vuelven de madera
yo no… yo apenas los alcanzo.

José Félix Sáenz-Marrero Fernández

7/6/2015 ( las esculturas se vuelven hermosos animales. Oyendo a
Maureen Choi, su piano, con Quartet, en el Templete de la noche estrellada de Majadahonda ).

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