MEIN SCHIFF… MI BARCO… ©

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Aprendí a amar el mar cuando me faltó el aire. Aprendí a amar el aire cuando me faltó el mar. Aprendí de todos y de nadie. Me enseñaron el idioma que nunca envejece. Ese que solo navega en el barco que nunca será el mío. Con el mismo uso que le dieran los románticos alemanes. Su mar era el del Norte. El mío el del Sur. Donde la soledad se hace acogedora. La piscina se hace natural y las barcas de salvamento nadan sin vuelo… sin estar atadas a un pescante. No hace falta que los letreros blancos me recuerden el batir del oleaje. Silencio, felicidad, paz, distracción, tranquilidad… experiencia.
Con la mente abierta en la cubierta de los últimos veintiocho meses transcurridos va bogando una gaviota en busca del sustento.

Escrito está en sus tablas:

“Dis is nicht mein Schiff
is mein gift
nicht mein traume
weder noch mein Nest.

Die Segelboot das fürcht me
hat in Deck Frieden
Genuss in mein Augen
Ruhig
absolut Stille”

“Este no es mi barco
es mi veneno
no es mi sueño
ni mi nido…

El velero me surca
tiene paz en la cubierta
placer para los ojos
tranquilidad
silencio absoluto…” (J.F.S-M.F.)

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Heinrich Heine (1797 – 1856) fue conmigo el último romántico:
“Mi corazón se semeja en todo al mar,
tiene tempestades y flujo y reflujo,
y alguna bella perla
reposa en sus profundidades.”
(“Mein Herz gleicht ganz dem Meere,
hat Sturm und Ebb’ und Flut,
und manche schöne Perle
in seiner Tiefe ruht.”)
Juntos remamos rumbo al sol… pertinaz, incombustible, ardiente… sin volver la mirada a los días de zozobra cuando la borda no era refugio ni las jarcias estaban desplegadas en suspiros de cansancio…
José Félix Sáenz -Marrero Fernández.
16/11/2015 (cruceros… )

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