CUANDO LLEGA EL VIENTO… ©

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“Soy un hombre apasionado del viento, por él hubiera dado toda mi vida.” (Otto René Castillo)

Esa sordera que produce la brisa al ir creciendo en volutas perfectamente estudiadas pero desordenada… me hace libre. Su caricia suave cuando despierta, la fuerza que arrastra todo a su paso, la sensación de levedad cuando camino solo, el vértigo de sus arremetidas… el bello desgaste que cubre pátinas del tiempo.
¡Que hubiera sido de mí sin el viento! Puede decepcionarte un gesto amargo, una promesa incumplida, un des-aire… un sueño que termina en pesadilla.
Pero no la vida. Esa que te lleva en volandas bajo las faldas de un desgarro sobrecogedor a impulsos inmensos. La misma vida que sobrevuela el castillo de algodón que nunca terminaremos de resolver.
Es el remolino amansado y amamantado sin miedo a la muerte. Ésta, también es única. Terminará venciendo tarde o temprano. Luchar contra ella con la palma de la mano abierta, sin los puños crispados, desoyendo el aleteo de los murciélagos que se avecinan y se oyen alrededor, es el supremo deber del hombre confiado, optimista, sabedor de sus recursos.
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Singladura con el velamen desplegado hacia nuevos horizontes. Donde únicamente la palabra, el rasgo perpetuado en la memoria abandonada bajo una corona de olivos, nos hace inmortales e imperecederos en la desnudez de la historia. Anónimo es cualquier dibujo que trate de imitar las hojas flotando en el estanque. Anónima es la voz que nos susurra a corazón abierto los velos de la noche. Pero ver amanecer constantemente dentro de las entrañas tiene un precio.
Cuando llega la incertidumbre hay que combatirla con la certeza, con el descaro del que nada pierde… arriesgar la vida por las ideas que crecen con el empuje de los sentimientos. Hacerte partícipe de los sobresaltos que atenazan los días. Y ganarles en una cruel batalla. Siempre me dije que aferrarse a la supervivencia no es gratuito.
No lo es para quien ama el viento que sopla en todos los demás. Por él, como René, doy mi bien más preciado: la vida.

José Félix Sáenz-Marrero Fernández.

22/11/2015 (en la vorágine de los días… )

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