IF … ©

If you nest in your belly

all the seas of the Universe

throbbing in an unknown direction

in the open sea

where the giants never dance …

If you love in your belly

all the lives that rebuild

a refuge harbor of anxiety

unknown until now

in the squalid shadow

where blood bees will never grow

Leaving stars …

If in that space

that springs from distant cities

and it gets lost in furrows

wet with glories and penalties …

if you raise your arms full of hugs

kissing the air

incorporeal

slippery

full of verses

ground tongue

rock lips …

If the hands of the Goddess Mansu are paralyzed

under the belly of sweet mangroves like flake honey

then you will live tied to the boat of the gannets

flying over your belly in mimes

who coo their nests …

José Félix Sáenz-Marrero Fernández

8/21/2018 (traveling blue …)

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LA CIUDADELA… ©

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“Lo que fue un barrio marginal, al cual no entraban nunca hombres con zapatos de charol ni mujeres con enaguas almidonadas.”

Llegó a mis manos el libro “Las ciudadelas de Santa Cruz de Tenerife” de Ramón Perez González en un estudio bien documentado de estas estructuras urbanas que corrieron como reguero de pólvora por toda la geografía urbana de las ciudades en expansión durante el último tercio del Siglo XIX y principios del XX. Y como tenía a mano la calle del Señor de las Tribulaciones decidí adentrarme en ella en busca de los últimos vestigios de una vida de emigración y esperanza en los vuelos de las gaviotas. Desde aquí ya no se otea el horizonte para ver las gabarras de carbón unirse como corcheas de un acordeón imposible de olvidar.
Solitarios los cuartos, desnudas las habitaciones, desvencijados los muros sin el alma de sus habitantes, los corredores son pasto de las brochas juguetonas de artistas anónimos.
Recordé las corralas madrileñas, los portones en Las Palmas de Gran Canaria, los patios y corrales de vecinos sevillanos de origen musulmán, las hermosas ciudadelas habaneras, las otras corralas obreras de Oviedo, las “ilhas” portuguesas, en Cadiz o en Sanlúcar de Barrameda…
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Traspasando las fronteras las corralas de Milán se llamaron “casas de ringhiera”, o casas de barandilla. Aquí las puertas esconden amores desgraciados por tanta emigración y faenas agotadoras.
Siempre escribo al aire libre. Hoy lo hago bajo techos olvidados como panales melosos de leyendas nunca escritas. Recorrí el mundo desde estas mismas aceras hasta los puertos de Long Island, la isla de Ellis, La Guaira o La Habana bajo el faro del Morro, arribando a mi destino con la llave colgando del cuello… pensando siempre en la vuelta.
En Madrid dicen que nacieron estas “comunas” con Felipe II ante el aumento de población de la nueva capital. La mayoría se concentraba en los barrios de Lavapies, Embajadores y La Latina. Hay ejemplos en otras ciudades españolas, como Málaga, Sevilla, Valencia o Valladolid, diversas localidades de Castilla y de La Mancha. En Suramérica, le dan la réplica los llamados “conventillos” e inquilinatos” en Santiago de Chile o Valparaíso, Buenos Aires o Montevideo.
Pero pocos tienen ese aire de trasbordo entre la tierra y el mar. Esa nostalgia de los huertos que fueron despensa del Toscal y alimento almacenado de la Isla para los santacruceros.
Cuentan los expertos que son herencia de las ” INSULAE ROMANAS”. En la parte inferior se instalaban tiendas y talleres (tabernae). Insulae había cerca del Capitolio y en Ostia (el puerto de Roma), donde las había de dos tipos. El que situaba tiendas y talleres en la planta baja. En el entresuelo se disponían los alojamientos para los trabajadores de estos negocios y las plantas superiores se dividían en apartamentos. Otras en la planta baja, en lugar de tiendas y talleres, disponían viviendas en torno a un jardín o un patio.
Me sentí atrapado por la humildad de su distribución y la perdida de vida comunal. Parecían nidos abandonados a su suerte. Allí las sombras ocultan baúles repletos de monedas de plata dibujadas por las medianías del campo y los fondos marinos. Pasé las horas adaptando mis ojos a tantas sensaciones. Silencio… solo silencio. El amor necesita siempre un lugar apartado para esconderse de todos. Un cobijo de arco iris donde colgar la llave.

José Félix Sáenz-Marrero Fernández

5/4/2016 (Sin ir muy lejos…)

MANDARINAS DE POSTRE… ©

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El “caldo de gallinácea” olía a hierbabuena, a hortelana, a guiso de especias empapadas en grasa, salpicada de tropezones, que al revolverse con el cucharón se llevaba los malos augurios del año que acababa y dejaban un aroma espeso por toda la casa. Sus manos vencidas por la edad eran maestras en servir los cuencos adornados de campanillas brillantes y escanciar cantidades exactas para todos los comensales. 
Durante años fue el pavo relleno de ciruelas y castañas el plato fuerte de la noche. Con el tiempo se volvió capón o como decían los niños “pollito del corral” aderezado de piñones, pasas y trocitos de manzana reineta. Alguna vez el cabrito formó parte de la mesa como un tributo a la manera canaria de prepararlo. En los últimos tiempos el besugo hizo los honores con sus ojos burlones y desorbitados. Invariablemente el turrón de yema tostada sin costra aparecía, en una bandeja aparte, para el momento de charla y risas contenidas de emoción. 
Silenciosa degustaba un minúsculo vaso con vino de la tierra para aclararse la garganta. 
Las generaciones fueron sucediéndose como anfitrionas y los rostros se fueron haciendo más maduros. Abuelos, padres e hijos se fueron sucediendo sin que nos diéramos cuenta. Las luces de la ciudad y los árboles de los campos se fueron haciendo tenues lienzos de fondo ante una mesa cena con una puntualidad exagerada. Los humanos nos volvemos nostálgicos por estas fechas. Ningún tiempo pasado fue mejor. La vida es ese enorme puchero al fuego rebosante de esperanza en bruto. 
Lo que nunca variaba eran las mandarinas de postre. Gajo a gajo el olor intenso  de azahar derramaba dulzura. Sus esferas brillantes fueron las pompas de un jabón que limpia estómagos agradecidos y devuelven el jugo de vida a la garganta. Los regalos esperados no se envuelven en cajitas con lazos rojos, ni se guardan en un saco del mismo color, ni se depositan en una cesta a pie del árbol de Navidad. Junto al belén solo existen melodías nuevas, dulces inventados cada mañana, licores que nunca envejecen, panderetas agitadas al cielo. 
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Seguro que por eso el postre es siempre naturalidad que no empalaga. Naranjas de la china son siempre un sí, nunca un no, a las navidades que se celebrarán por nuevos seres que han de venir. El Por-venir se cuela en los ojos tiñéndolos de tranquilidad. Dejad en paz los recuerdos… y levantaros al final de la noche para apretar las manos de los que llegan. Aún queda una última mandarina que saborear con alguien. 

José Félix Sáenz-Marrero Fernández. 

24/12/2015 (ante una nueva oportunidad…)

MEIN SCHIFF… MI BARCO… ©

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Aprendí a amar el mar cuando me faltó el aire. Aprendí a amar el aire cuando me faltó el mar. Aprendí de todos y de nadie. Me enseñaron el idioma que nunca envejece. Ese que solo navega en el barco que nunca será el mío. Con el mismo uso que le dieran los románticos alemanes. Su mar era el del Norte. El mío el del Sur. Donde la soledad se hace acogedora. La piscina se hace natural y las barcas de salvamento nadan sin vuelo… sin estar atadas a un pescante. No hace falta que los letreros blancos me recuerden el batir del oleaje. Silencio, felicidad, paz, distracción, tranquilidad… experiencia.
Con la mente abierta en la cubierta de los últimos veintiocho meses transcurridos va bogando una gaviota en busca del sustento.

Escrito está en sus tablas:

“Dis is nicht mein Schiff
is mein gift
nicht mein traume
weder noch mein Nest.

Die Segelboot das fürcht me
hat in Deck Frieden
Genuss in mein Augen
Ruhig
absolut Stille”

“Este no es mi barco
es mi veneno
no es mi sueño
ni mi nido…

El velero me surca
tiene paz en la cubierta
placer para los ojos
tranquilidad
silencio absoluto…” (J.F.S-M.F.)

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Heinrich Heine (1797 – 1856) fue conmigo el último romántico:
“Mi corazón se semeja en todo al mar,
tiene tempestades y flujo y reflujo,
y alguna bella perla
reposa en sus profundidades.”
(“Mein Herz gleicht ganz dem Meere,
hat Sturm und Ebb’ und Flut,
und manche schöne Perle
in seiner Tiefe ruht.”)
Juntos remamos rumbo al sol… pertinaz, incombustible, ardiente… sin volver la mirada a los días de zozobra cuando la borda no era refugio ni las jarcias estaban desplegadas en suspiros de cansancio…
José Félix Sáenz -Marrero Fernández.
16/11/2015 (cruceros… )

ARAÑA ENCINTA… ©

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Sedas

encristaladas

descienden por tu pelo

hilos dulces de azúcar

velados a sorbos

muy pequeños

insectos

de bocas tejidas

amparo de nidos

maduras

un paño en ámbar

recogido

sobre los hombros

a lomos

de rama en rama

encinta

araña de esquirlas

talladas a fuego

en la mirada…

José Félix Sáenz-Marrero Fdez.

11/11/2015 (en la telaraña… )