EL TRIÁNGULO DE DOS CONTINENTES… ©

       (La ambición es el estiércol de la gloria). 
                       Pierre Loti

Cuando Julien terminó de escalar la colina y llegó a aquel cafetín estaba tan exhausto que los labios se le amorataron. Se sentó ante una tetera, ajustó su uniforme y sacó papel, tintero y pluma. Admiró Estambul a sus pies. De la antigua Constantinopla solo quedaba el recuerdo. Su prosa se entretuvo en describir el maravilloso panorama bajo la fresca arboleda. El horizonte, color plata muriendo
A sus veintisiete años la sangre hirviente del francés aspiró los aromas inconfundibles que llegaban de un Oriente tan lejano.
El barrio de Eyüp no era sino ondulaciones verdes con hileras de viñedos y cepas de vid alineadas. Los veleros se desvanecían por un Cuerno de agua que recuerdan el Oro.
Nunca pudo imaginar que su encuentro con Aziyadé, la joven con dieciocho años del país de los circasianos, ellas famosas por su belleza y ellos por la fiereza de sus facciones, le marcara tanto que haría de él un consumado novelista viajero, explorador infatigable, marino… auténtico escritor peregrino.
El amor produjo tal ternura por su juventud en aquel joven oficial, que viajó incansable en la búsqueda constante de su particular Edén.
Escribió, amó y volvió a escribir.
Su amigo Samuel, efebo macedonio tan apuesto como un Alejandro triunfador, celestino interesado, descubrió a Loti, el futuro seudónimo de Julien, la sensualidad y el erotismo que descienden las colinas de la hermosa Roma oriental.
Aziyadé tiene su nombre sobrepuesto hoy día en el frontispicio de un hotel. Pierre Loti una colina, un café… y una calle. Sus almas reposan tan separadas y a la vez tan unidas como Europa y Asia por el puente Gálata del Bósforo.
Dicen las leyendas que cuando se entra en el corazón del imperio turco, las aguas de todas las fuentes en los umbríos patios de Topkapi, se derraman hasta en la tumba de Abu Ayyub al-Ansari bajo su mezquita y van a parar al harén donde la humilde Aziyadé acompañada de otras mujeres siguió tañendo su çeng para un esposo concertado.
Ni Ella, ni Samuel, ni Pierre volvieron a encontrarse jamás.

( dedicado a Teresa Iturriaga Osa ) image

J.F.S-M.F.

Diciembre de 2014

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